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Posts Tagged ‘Caballero Bonald’

La duda de José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1926) estalla con sutileza. Hay una metralla ligerísima en todas sus preguntas: trozos de metal o letras que reposan en el poema, aunque nada impide explosiones fortuitas que precisen, aún más, los aceros hasta que sean mínimas semillas de lirismo. Las adivinaciones, accésit del Premio Adonáis de 1956, se aderezaba con cierto barroquismo entendido como “búsqueda de la expresión insustituible” y no como tropezón o enredo.

La obra del premio Reina Sofía de poesía iberoamericana 2004 abrazó el grupo del 50 y cierto “testimonialismo social… aunque sin dejarse absorber por la habitual melancolía retrospectiva y sin renunciar a la impronta crítica… No cedió a las facilidades de la literatura como propaganda”. El jerezano se contaminó de cierta poesía despreocupada de lo estético, no obstante, aseguró: “fue un trayecto muy breve en mi recorrido poético… pero después recuperé lo que había interrumpido”. De esa época reivindicativa, el autor de Memorias de poco tiempo (1954) recuerda la desobediencia y “una estimable tendencia por el consumo de bebidas alcohólicas”.

Esperanzado, M. Fernández Almagro leyó Las horas muertas (1959) como un alfanje mutilando los helechos de la insipidez; destacó los aromas andaluces de sus versos que evitaban “cualquier concesión a lo feo”. En una crítica al poemario que constituyó su primera plenitud poética, Descrédito del héroe (Premio de la Crítica 1977), Joaquín Marco advirtió que el andalucismo de Bonald nacía de zonas de su inspiración y su actividad, y no de “planteamientos que han venido a resultar tópicos y estériles”. El premio nacional de las letras 2005 ajusta el verso a la idea y su corsé moral, aunque engasta cierto lirismo (ironías, paradojas…) que engalana la composición. Necesariamente la duda se amarra a la memoria que, según afirmó el jerezano, “es instrumento necesario y se puede modificar según convenga al poema”.

El perfil del imbécil

En la presentación de su último libro La noche no tiene paredes (2009), Bonald reiteró su frontal rechazo de los gregarios y los sumisos; regresó a los románticos para sentenciar que “la literatura está llena de grandes desobedientes”. La incertidumbre se anuda a la entraña del ser humano, por ello quien no duda es “sospechoso” o “lo más parecido a un imbécil”:

“¿Ha valido la pena
llegar hasta estas vecindades
inapelables de la incertidumbre
sólo para volver a constatar
que la nada colinda con la nada?”

(Entre dos luces de Manual de infractores)

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Javier Vela Sánchez (1981 gaditano nacido en Madrid) presentó el miércoles Imaginario, último Premio de la Joven Creación, editado por Visor. También presentó Cristina Peri Rossi su Playstation, ganador del XXI Premio de la Fundación Loewe. Caballero Bonald acompañó al poeta gaditano en la presentación y declaró que en Imaginario había “mucha potencia poética, solvencia, eficacia y una interpretación mítica de la realidad, como debe ser la gran poesía”. El autor describe su poemario como un “álbum de instantes en el que será grato volver a mirarse con el tiempo” ya que “la escritura es la única forma de perdurabilidad”.

Vela obtuvo ya el Premio Adonáis en 2003 con La hora del crepúsculo, además ha publicado Aún es tarde (2003), Increado el mundo (2005) y Tiempo adentro (2006)extraordinaria crítica la de Gabriel Insausti—. Ahora, trabaja en una novela tocada por el conflicto de Oriente Medio que, según él, “conjuga elementos de la novela negra y la intriga política”.

La hora del crepúsculo viene encabezado por una cita de Claudio Rodríguez: “Bienvenida la noche, con su peligro hermoso”. El libro según explicó Vela, “trata de explicar la incertidumbre que nos produce el sueño, el encuentro con la amada, el deseo de no despertar… Y el desvanecimiento de ésta con la vigilia, que supone en sí un desenlace”.

Para este joven poeta gaditano que según Bonald “ha conseguido la mayoría de edad en las palabras”, lo único que distingue a un poeta es su “tempranísima consciencia de la desaparición”.

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