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POEMA DE LA BELLEZA CAUTIVA QUE PERDÍ

Pequeña de mis sueños, por tu piel las palomas,
la pálida presencia de la luna en el bosque
o la nieve recién caída de los astros.
Por esa piel sin mácula, por su tersura suave,
tronché columnas firmes, derrumbé la techumbre
de la más alta noche: la de mis sueños puros.
Pan del amanecer tu blanco cuello, frente,
osamenta querida, veta, venero noble…
Aquí tengo los brazos abiertos como un río,
las venas descansadas, todo el amor del mundo
dispuesto a consumir en un beso glorioso.
Pequeña mía, amada, no olvides que por ti,
una noche de julio, olvidé la aventura
de salir a buscar la belleza cautiva.

De Preludios a una noche total (1968), Antonio Colinas

Poema de la belleza cautiva que perdí pertenece al poemario que consiguió un accésit de Adonáis en 1968. Colinas, desde estos primeros quiebros, navega por lagos calmos. Los versos casi alejandrinos sustentan la suavidad de las palabras y esa mansedumbre de orilla que rompe en los bordes afilados de un cuerpo: “tronché columnas firmes, derrumbé la techumbre”. Pero el autor no se deja. El sosiego desdobla sus arrullos nuevamente para describir un cuello (caída turbadora en otras plumas) como el alimento más sencillo. Qué sabores una hogaza de clavícula. Suena también a armonía la nervadura primitiva de las hembras, sugerida apenas: “veta, venero noble”.

En su búsqueda, el autor de Sepulcro en Taquirnia se arrodilla en la naturaleza, a pesar de los innúmeros cantos urbanos que a la sazón se publicaban. Colinas se remonta a las “palomas”, al “bosque”, a los “astros” o al “río” que despeja sus venas para el beso.

El texto cierra con un recordatorio a modo de advertencia. Parece el poeta reprochar a la mujer la plenitud lograda. Colinas olvidó “la aventura de salir a buscar la belleza cautiva”. Renunció a la escritura solitaria por la vida que, después, encerró en este poema. Palabra de la no palabra que es palabra más inmensa.

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Antonio Colinas, accésit del Premio Adonáis en 1968 por Preludios a una noche total  y Premio Nacional de Poesía de 1982 por Poesía 1967-1981, es uno de esos poetas cuya obra trasciende de lo lírico y busca un sustento filosófico. Apoyado en los filósofos presocráticos (Anaximandro, Heráclito…), el psicólogo Carl Gustav Jung, los místicos o el fundador del taoísmo Lao-tsé; el poeta leonés indaga en las contrariedades del mundo (y en las propias) en busca de la armonía. Colinas describió su obra como “un fruto eminente de la contemplación”.

Suele relacionarse al autor de Sepulcro en Tarquinia con la generación de los novísimos. Pero esta tendencia renovadora está sumida en los humos de lo urbano, el sentido de la obra de Colinas es, precisamente, la búsqueda de lo esencial y, para ello, el poeta debe rasparse en las piedras y adensarse entre los bosques. El premio nacional afirmaría que “el poeta a veces quizás ve un poco lo que los otros no ven a costa de marginalidad o de ir contra lo que impera en su tiempo”.

La producción de Colinas configura un cosmos repleto de símbolos y elementos que son, en suma, escarbadura en el propio pecho. Noche, piedra, música, invierno, caballos, ruinas; todos son parte contendiente en la lucha de los contrarios que rige el mundo. En Tratado de la armonía esclarece el poeta que ese conflicto no debe llorarse en elegías interminables. El arte consigue levantar la paz y la armonía sobre esa beligerancia, el destino es la superación y la convergencia (de noche-día; luz-oscuridad; amor-dolor…) hacia la unidad.

En sus últimos poemarios, el lenguaje se ha ido depurando hacia lo esencial y metafísico. Su último libro Desiertos de la luz es considerado por algunos como roca fuerte de su creación, sin embargo, a pesar de la grandeza de sus preguntas, enraizadas en la tradición poética, se señala que “el lector echa en falta la novedad verbal, la sorpresa poética, y resopla ante la recurrencia de ciertos lugares comunes de la tradición mística”.

Pero Antonio Colinas rehusa los llantos y el pesimismo. Para él, las ruinas son terrenos para la renovación, ascua inversa. Ésa es su autenticidad.     

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